
Safo fue una poetisa griega, originaria de la isla de Lesbos, Grecia.
Lo de lesbianismo viene del nombre de la Isla, porque Safo fue la poetisa más destacada en su época en Grecia.
Su poesía sirvió de fuente de inspiración a poetas, como los latinos Catulo y Horacio. En 2004 fueron hallados nuevos fragmentos de Safo, que amplían y mejoran sustancialmente uno de los que ya se existían de ella. En este nuevo fragmento ampliado, Safo se lamenta del paso de tiempo y plasma de forma magistral los efectos de la vejez en su cuerpo y carácter utilizando el mito de Titono, el enamorado de Eos, la diosa de dedos rosados, quien pidió a los dioses que convirtieran a Titono en inmortal, pero olvidando pedir para él la eterna juventud. Como consecuencia de ello, Titono es el eterno viejo, no se muere nunca, pero siempre se va haciendo más viejo. Se trata de un símil con el que Safo se identifica, puesto que en su calidad de educadora se ve como Titono frente a sus alumnas siempre de la misma edad, siempre inmortales de alguna forma. Sus poemas más conocidos son uno en el que describe lo que podrían considerarse "síntomas de la enfermedad del enamoramiento", aplicable a todo enamorado, y el fragmento en el que dice que no hay en el mundo nada más maravilloso que el ser a quien uno ama...
Y no es precisamente que escribiera todos los poemas para otras mujeres, sino que escribía lo que ya había vivido con otras mujeres (sus experiencias homosexuales).
Cito uno de sus poemas mas famosos:
En la Distancia.
De veras, quisiera morirme.
Al despedirse de mí llorando,
me musitó las siguientes palabras:
"Amada Safo, negra suerte la mía. De verdad que me da mucha pena tener que dejarte."
Y yo le respondí:
"Vete tranquila. Procura no olvidarte de mí, porque bien sabes que yo siempre estaré a tu lado. Y si no, quiero recordarte lo que tu olvidas:
cuantas horas felices hemos pasado juntas.
Han sido muchas las coronas de violetas, de rosas, de flor de azafrán y de ramos de aneldo,
que junto a mí te ceñiste.
Han sido muchos los collares que colgaste de tu delicado cuello,
tejidos de flores fragantes por nuestras manos.
Han sido muchas las veces
que derramaste bálsamo de mirra
y un ungüento regio sobre mi cabeza...
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